Así, y como un pequeño homenaje, les traigo hoy una traducción especialmente hecha para la ocasión, de un relato que muestra todo el potencial del oriundo de Providence, a la hora de hilar las emociones y desesperanzas propias de su particular visión de la existencia humana.
Antes de ir a la traducción misma, permítanme contarles un poco de mi relación personal con Lovecraft. Al hombre del rostro alargado lo conocí, como a casi todo lo interesante de mi vida, por culpa de los juegos de rol. En ese tiempo, fuimos con mi mejor de aquella época a comprar una nueva expansión de MERP (Middle-Earth Roleplaying Game), el juego que nos había dado ya varios meses de entretención en la Tierra Media del Profesor. Aunque en la actualidad me avergüenza reconocerlo, nuestra gran campaña giraba en torno a impedir la concreción de los planes malignos de Saruman por encontrar las partes faltantes en su estudio del Saber de los Anillos para, así, forjarse uno propio. A pesar de que, a priori, esto no suena tan mal, el asedio de los Gondorianos, aliados de Saruman, a Bree, es todo lo que necesito para probar mi punti y justificar mi vergüenza.
Así, al llegar a aquella ya legendaria tienda llamada Verminaard (estoy hablando de su primera encarnación; leáse, subterráneo Portal Lyon, tienda del fondo) nos fuimos directo a la estantería con el material de MERP. Para nuestra sorpresa y decepción, todos los libros allí presentes no eran de utilidad, ya sea por el precio o por el nulo uso que les podríamos haber dado. Molestos, hablamos con uno de los vendedores y le preguntamos cuándo llegarían más cosas. ¿Su respuesta? «No sé, y no creo que lleguen».
Estábamos por irnos, cuando le dije a mi amigo que miráramos el resto de los manuales. Mi particular predilección por el azul —junto a una portada sencillamente asombrosa— me llevaron a tomar un tomo titulado La Llamada de Cthulhu. Intrigado, lo revisé un poco y se lo mostré a mi compañero de juergas. Él también se sintió atrapado, y decidimos preguntarle al vendedor. Él, muy amable como siempre, nos dijo algo así como: «Es un juego ambientado en el mundo de Lovecraft. ¿Lo cachan?». Los dos negamos, a lo que el tipo agregó: «Es un juego la raja… y es de miedo».
Esa última palabra nos vendió el libro —literalmente.
En la micro de vuelta a mi casa, abrimos el libro y fuimos leyendo algunas cosas. Con todo, el manual no hizo sino intrigarnos más tanto así que, cuando al fin llegamos a mi casa, no nos importó estar empapados por la lluvia o lo tarde que era, sino que nos sentamos en el living a leer la historia que abría el libro, apropiadamente titulada: “La Llamada de Cthulhu”.
Aunque eso fue hace más de una docena de años, Lovecraft no desapareció de mi vida (como aquel amigo o los juegos de rol)… sino todo lo contrario.
En palabras simples, a Lovecraft le debo mis primeros miedos verdaderos, un par de relaciones y horas incontables de macabra entretención. Su vida y obra me han inspirado siempre, y mi particular conocimiento de su trabajo (algunos dirían obsesión) me han significado premios de todo tipo, desde libros gratis hasta… sexo, podríamos decir.
Pero lo que queda, después de lo chistoso o anecdótico, es siempre el terror, el miedo a salir de tu casa cuando está lloviendo, o el imaginarte la cabeza del Gran Cthulhu sobre las colinas que circundan Concepción, hace tan sólo unas semanas. Es una sensación de compartir un oscuro y terrible secreto, que sólo algunos —muy valientes o muy estúpidos, siguiendo el cliché— son capaces de comprender.
Para todos aquellos y, especialmente para el maestro de Providence, he aquí una traducción de La Búsqueda de Iranon, uno de sus cuentos “Dunsanianos” y una obra olvidada dentro de su catálogo tradicional.
Saludos cordiales,
















4 comentarios → La Búsqueda de Iranon, de H. P. Lovecraft
Muy buena entrada, Felipe. A Lovecraft no se le debe juzgar por su estilo sobrecargado sino por la potencia de su imaginario. No he leído TODA su obra, pero si he leído mucho de él y lo sigo encontrando un tremendo autor. Sin duda lo mejor de su producción pertenece a sus años de madurez, etapa en la que pudo vislumbrar, por fin, un estilo propio.
Con respecto a tu introducción, un detalle: Lovecraft murió a los 46, no a los 36.
Un abrazo.
¡Gracias por comentar, Javier!
Totalmente de acuerdo con tu apreciación de Lovecraft. Como bien dices, es importante destacar que es su imaginario lo que lo hace resaltar entre sus contemporáneos (y estamos hablando de otros titanes de la literatura).
Finalmente, ¡gracias por la errata! ;)
Saludos cordiales,
F.
¡¡Eeeeh!! ¡La búsqueda de Iranon! Este cuento me gustó mucho cuando lo leí, por lo que creo que debería ya estar leyendo a Dunsany... Me llamó la atención, de una manera muy positiva, que fuera tan distinto a sus otros relatos, que de todas maneras disfrutaba. Me gusta sobre todo su desenlace y su última oración; me hace sentir identificada: siempre, siempre buscando, para que al final... En fin.
Yo empecé a leer a Lovecraft por Javier, que me regaló sus 2 tomos de obras completas <3 Aunque su prosa en sí misma no sea algo que me parezca muy llamativo, algo tiene su estilo narrativo y su postura como autor y como persona que atrae, y mucho. Siento que, en general, muchos de sus cuentos tienen una estructura muy similar, pero increíblemente eso no importa al leerlos y no sé por qué. Me parece curioso que un escritor del que conocemos sus graves defectos nos guste en igual medida tanto por estos como por sus virtudes... Curioso e invaluable :)
Intentaré leer el cuento con calma, en el fin de semana.
Saludines :)
¡Gracias por comentar, Paula!
En verdad, me sorprendió al traducirlo/volver a leerlo, la asombrosa influencia de Dunsany que se deja ver. A pesar de esto, es impresionante como Lovecraft logra contar, de todas maneras, una historia que es suya, con su prosa y particular manera de enfrentar las situaciones narrativas.
Saludos cordiales,
F.
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