Esta es la premisa de El Temor de un Hombre Sabio, el segundo
tomo en la trilogía Crónica del Asesino
de Reyes del norteamericano Patrick Rothfuss. Éxito absoluto de ventas con su
primera parte, El Nombre del Viento,
el autor tenía el gran desafío de mantener el alto nivel literario del original
además de, de ser posible, aumentar las apuestas (por así decirlo) y
entregarnos un volumen que preparase el escenario para el desenlace de la
trilogía.
Tal y como lo mencioné
en la reseña del primer tomo, Rothfuss construye una historia clásica y la
deforma, dándole nuevos énfasis a aspectos usualmente olvidados en la narrativa
de Fantasía: la música, la venganza, las obsesiones, las adicciones y las
relaciones personales se toman el escenario central de la novela, dejando de
lado el «brillo de las espadas» que ha poblado la Fantasía “menos aventajada”
post-Tolkien. Y aunque muchos lectores me han comentado ante lo abultado de
esta segunda entrega, debo reconocer que para mí fue una agradable sorpresa en
lo que a “Tomos 2” se refiere.
Porque, seamos
sinceros, a pesar de lo que cierta escritora haya dicho alguna vez de que «los
tomos 1 son los más débiles de las sagas», la abrumante evidencia en contra es
que son en verdad las segundas partes las menos queridas en las trilogías. Son,
por lo general, momentos de “transición” y en donde la historia se llena de
aventuras que no son necesariamente las partes donde se desarrollen más a los
personajes ni nada parecido, y es en estos aspectos donde la novela de Rothfuss
me sorprendió más gratamente.
Ahora bien, para
desarrollar este análisis, me basaré en la misma estructura que ocupé para El Nombre del Viento, de manera de
comparar ambos trabajos y poder explorar los nuevos aspectos planteados en esta
obra.
1. …Y el silencio
triple continúa
Al igual que en el
prólogo de la primera novela, en El Temor
gran parte del arco narrativo se deja entrever en las particularidades del
silencio que envuelve La Roca de Guía,
la posada que regenta Kvothe en su exilio auto-impuesto del mundo.
El primero de estos
silencios es la ausencia de música. Aunque la música siempre ha sido uno de los
ejes de la Crónica del Asesino de Reyes,
en este segundo volumen su importancia se enfatiza aún más. En contraste con lo
que dice el prólogo, la música es uno de los protagonistas de la historia y, en
cada ocasión que Kvothe no la tiene disponible (por una u otra razón), su
sufrimiento se asemeja a la falta de una amante.
El segundo silencio se
corresponde Bast, el Fata que habita la posada junto al protagonista y le sirve
como compañero y aprendiz. En este caso, se describe como el joven se desliza
silencioso en medio de la noche en la vieja casona, algo que nos habla —figuradamente—
de los planes que él mismo nos dejó entrever al final del primer tomo. Además,
este silencio predice la importancia que tendrá el mundo de los Fata en
particular en este volumen, cuyo protagonismo será abordado desde al menos dos
personajes fundamentales para la historia del ahora tabernero.
Finalmente, el tercer
silencio no es sino el mismo de El Nombre
del Viento; este es el silencio es más personal y profundo de la obra, y no
es sino el que le pertenece a un hombre que espera la muerte. De esta manera,
la gran pregunta de esta trilogía vuelve a repetirse: ¿Será capaz Kvothe de
enfrentarse a la muerte siendo él mismo, o elegirá una muerte tranquila pero poblada
por mentiras?
2. Cuando la forma es
un resultado del fondo
Una de las eternas preguntas
de la narrativa —algo así como nuestro propio «¿Quién fue primero: el huevo o
la gallina?»— tiene que ver con la dicotomía existente entre el fondo de una
obra, que podría definirse como su mensaje o temática específica, enfrentada a
la forma en que se presenta.
Para aclarar esta
problemática, tomemos un ejemplo contingente. En Canción de Hielo y Fuego, Martin cuenta una historia relativamente
simple —la caída de un Rey y las luchas intestinas por heredar su trono— pero
la forma en que lo hace, a través de los puntos de vista de distintos
personajes, hacen que la historia adquiera una personalidad y expresión propias.
Así, en vez de ser la “típica” historia del género de intrigas, se convierte en
un caleidoscopio de miradas acerca del problema, en un sinfín de enfoques,
desde el más humilde al más poderoso, sin que nunca se pierda la perspectiva
del arco narrativo mayor.
En el caso de El Temor (y la trilogía en general), la historia
se personaliza gracias a que Kvothe nos cuenta su vida desde su perspectiva, sin nunca caer en una
pretendida objetividad acerca de ella; de hecho, en varios momentos él mismo
detiene la historia para aclarar un punto u otro.
Tal y como en la
primera parte, aquí tenemos un modelo que se lee de esta manera:
Lector > Narración
de Kvothe > Historias de Kvothe > Historias del mundo (personajes,
lugares, reinos, etc.)
En esta ocasión, sin
embargo, Rothfuss añade nuevas capas y complejiza aún más este modelo
llevándolo al extremo, aunque sin perder nunca al lector por ello. Así, en esta
segunda parte encontramos pasajes en donde:
Lector > Narración
de Kvothe > Historias de Kvothe > Personaje cuenta una historia > En
esa historia se cuenta una historia del mundo (personajes, lugares, reinos,
etc.)
3. La importancia de las
historias
Tal y como se puede
inferir por la complejidad antes citada, las historias siguen siendo la
fundamentación de la Crónica del Asesino
de Reyes: no sólo nos ayudan a seguir construyendo la vida “real” de la
leyenda en vida que es Kvothe sino que, además, nos proveen con una manera
amena de desarrollar el mundo secundario en donde se desarrolla la narrativa,
sin tener que caer en largos pasajes sin “acción”.
En este sentido, una
de las grandes habilidades de Rothfuss consiste en hilar muchísimas historias
sin que éstas terminen ahogando al lector, en especial cuando son fragmentos de
la Historia del mundo que, aunque importantes para nuestro protagonista, están
lo suficientemente alejadas del “ahora” como para no ser fundamentales para la
narrativa en general —y por tanto, tampoco para nosotros como lectores.
4. Nuevos usos para
herramientas clásicas… Y la introducción de herramientas nuevas.
a. Esta no es tu
clásica historia de amor
En la Crónica del Asesino de Reyes hay una
gran historia de amor, pero no se parece mucho a lo que estamos acostumbrados a
leer en Fantasía. Sí, es una relación heterosexual entre un protagonista que
podríamos llamar “heroico” y una chica bien sidekick
para sus cosas, pero lo notable de esta relación no está en sus componentes,
sino en cómo éstos se mezclan y se presentan.
En primer lugar, entre
Kvothe y Denna existe una relación;
quizás no es la más madura ni compleja en términos reales, pero tiene todo el
encanto de un primer amor que, además, se nos ha anunciado desde el primer
momento que terminará mal. Mientras que gran parte de la Fantasía se centra en “echar
a andar” una relación, en El Temor la
relación ya existe y son las problemáticas que trae las que son el centro de
atención.
Estas mismas
problemáticas se provocan por la falta de conformidad de ambos personajes con
los roles tradicionales del amor cortés, origen del modelo romántico que prima
en la Fantasía. Denna es fría y distante, una mujer pobre cansada de la falsa
adulación de los hombres a cambio de su “amor”, mientras que Kvothe es un joven
inexperto e impulsivo, orgulloso como nadie,
y enamorado de manera tan adolescente de Denna como para ser incapaz de
concretar su amor.
Finalmente, hay un
elemento que es fundamental para darle realismo a esta relación en particular —y
a todo este segundo volumen en general—: la presencia (o ausencia) del sexo.
b. ♪ Sexo compro, sexo vendo, sexo arriendo ♪
Seamos honestos: si
hay una cosa escasa en la Fantasía, es el sexo. Los personajes en relaciones no
lo tienen, no parece ser algo importante… Y hasta el día de hoy, sólo existe un
ensayo acerca de la reproducción entre los Elfos, escritor por quién otro que
el mismísimo Tolkien, aunque los detalles del proceso se obvian (como era de
esperarse).
Ahora, no digo que
esta ausencia sea mala per se —después
de todo, cada cual escribe de lo que le afecta/interesa— pero convengamos que a
estas alturas le quita credibilidad a la construcción del mundo ficcional en el
que la narrativa fantástica se destaca; después de todo, los seres humanos
hacemos el 99.99% de las cosas por sexo (o supervivencia, que vendría siendo lo
mismo desde el punto de vista evolutivo), por lo que parece difícil que este
aspecto se pueda ignorar sin dañar la factibilidad y/o “realismo” de la historia.
En el caso de El Temor, hay muchísimo sexo; de hecho, puede que al menos 200 páginas —de sus
1.200— estén dedicadas a describirlo, discutirlo o hacer comentarios al
respecto. Con la elegancia y tacto que son marcas del Arte, Rothfuss logra
hacer que el despertar sexual de Kvothe se vuelva una parte fundamental de su
crecimiento como personaje, sin romantizarlo ni banalizarlo, sino con el
equilibrio de la experiencia que dan los años al mirar las cosas en
retrospectiva.
5. ¡Gemma lo hizo de
nuevo!
¿Quién es esta tal «Gemma»
y por qué la nombro aquí? Gemma Rovira es la increíble traductora de la Crónica del Asesino de Reyes, y si ya en
la primera parte se llevo mis respetos por su trabajo, en esta parte realmente
se luce; la abundancia de música y letras de canciones ponen a prueba sus habilidades
de entregarnos no sólo significado sino también ritmo, y ella sobrepasa estas
dificultades con creces.
Definitivamente, me
gustaría que ella fuese la traductora de Canción
de Hielo y Fuego, que no es sino un horror tras otro (en lo que a
traducción se refiere) en español…
Finalmente, sólo me
queda decir que me cuesta entender a los críticos de El Temor de un Hombre
Sabio; entiendo que reclamen por los innumerables “lujos” narrativos que
Rothfuss se da en el libro —que definitivamente podría haberse reducido en
largo sin dañar la narrativa principal— pero hay que recordar que estos
detalles son los que hacen que la leyenda de Kvothe se vuelva cada vez más real
e increíble, paradójicamente.
La novela, por
supuesto, no es perfecta, pero en mi opinión supera con creces a su
predecesora, dejando el escenario listo para el épico final de la historia en Las Puertas de Piedra.
Saludos cordiales,
F.
















4 comentarios → Reseña: El Temor de un Hombre Sabio (Crónica del Asesino de Reyes, Día Dos), de Patrick Rothfuss
Buena reseña, Felipe...y bastante larga ¿eh? xD
Fuera de broma, aunque no he leído el segundo libro, comparto el análisis que haces sobre la obra de Rothfuss. En su momento ENdV me sorprendió positivamente y estoy seguro de que pasará lo mismo con ETduHS. Es un tomo largo así que todavía dejaré pasar un tiempo antes de hacerme con él.
También me alegro de verte actualizar el blog nuevamente. Espero verte más seguido por acá,
Abrazos.
Hola Felipe, gracias por compartir esta reseña.
La verdad concuerdo absolutamente contigo en lo interesante que resultan los silencios de la posada "Roca de Guía". Cada vez que me topaba con un capítulo titulado "Interludio", como lectora me llenaba de preguntas: ¿qué le pasó a Kvothe? ¿Cómo llegó a ser lo que es, un posadero de pueblo, olvidado y ninguneado? ¿Qué pasó con su música? ¿Qué pasó con su viveza y con las preguntas que movían su vida? ¿Es el posadero un papel más a interpretar por el Edena Ruh?
Kote es un hombre cansado, un hombre maduro, un hombre en cierto sentido amargado. Casi uno se olvida que es la misma persona cuya vida se relata en la historia. Creo que esto es, lo que en mi caso, me mantuvo prendada a la historia.
Otra cosa que rescato de Rothfuss, es su construcción de un anti héroe. Incluso cuando creemos que Kvothe está haciendo una acción que supone un bien, la propia ética del protagonista nos lleva a tomar cierta distancia de sus acciones. Aquí creo que el autor juega un poco con la empatía/no empatía del lector con el protagonista, en una especie de actitud rebelde, pero que encaja perfectamente con la biografía y la psicología de Kvothe, manteniendo un relato coherente y fluido.
En particular, a mi no me molestan las historias largas. De hecho, cuando una historia me gusta, espero que nunca termine. Por ejemplo, debo confesar que todavía no leo el 5to libro de Martin, que me aguarda en una repisa. Lo tengo guardado como un buen vino, para disfrutarlo en el momento adecuado.
Pero con Rothfuss, la verdad, el libro se me ha hecho interminable. La tensión de saber qué ocurrió desde Kvothe hasta Kote se diluye en un sin fin de historias que todavía no son ni un bosquejo de la respuesta. Si lo pienso un poco, no sé si le quitaría algo al libro, pues creo que es justo construir una historia a partir de la vida de un personaje, mas que de acciones memorables. Y la vida comprende muchas situaciones, el 90% de ellas son cotidianas, como ir a la universidad, tomarse una cerveza con los amigos, o perseguir y fantasear a la chica de tus sueños. Eso le da humanidad a la historia, la acción sólo resalta la emoción.
(continúa)
Creo que, lo que me ocurrió como lectora, es que sentí que muchas de esas historias terminaron cayendo en estereotipos condimentados con una especie de álter ego del autor. Particularmente me refiero a los capítulos de Ferulan y de los Adem, y en especial al sexo. Para el autor puede haber sido interesante -y hasta importante para él como persona- explorar esa beta, pero para mí como lectora se tornó redundante y excesivo. No porque se utilizara cada dos párrafos la palabra "y retozamos", sino porque, en la propia historia del personaje, no se ve la trascendencia del acto. Quizás me equivoque, y en el tercer libro la palabra "retozar" adquiera un contenido y una fisonomía propia en la globalidad de la historia.
Por último, para no latear, las mujeres juegan un papel importante en la vida de Kvothe. Eso el lector lo entiende y los personajes femeninos son una figura principal en la historia. Pero creo que aquí nuevamente el autor cae en estereotipos. En otra reseña sobre este mismo libro leí una frase con la que me sentí identificada totalmente: las mujeres de Kvothe son la misma mujer con distinto ropaje. No tienen contenido, son meros seres que producen acciones dentro de la historia (reír, marcharse, retozar, pelear, desconfiar). Creo que las únicas excepciones son Devi y Auri. Si tuviera que leer un diálogo sin que me señalaran los nombres de quienes intervienen, serían la únicas que podría identificar, pues en ellas se vislumbra una personalidad propia.
Lo anterior evidentemente tiene un impacto en el relato; ciertas historias se vuelven monótonas, pues parece la misma historia contada de forma diferente (por ejemplo, sexo con Felurian, sexo con Vashet, sexo con Penthe).
El tema del sexo y la relación ambivalente con las mujeres creo que es un gran tema personal de P.R. y que no puede dejar de transmitir a través de su escritura. De allí que existan largos diálogos sobre el sentido del sexo, sobre el pudor, sobre las habilidades, e incluso sobre la paternidad. ¿Es todo eso relevante para la historia de Kvothe? Creo que a partir de cierto punto no lo es, y eso constituye un exceso, cuestión que no ocurre, por ejemplo, con la música. Creo que la música también es una pasión personal del autor, y eso se nota en la pasión de su pluma, pero esa pasión es coherente con el ser de Kvothe. En este caso, en mi opinión, no hay exceso, pues Kvothe es músico, y eso define su pasado y su silencioso presente.
En fin, perdón por extenderme tanto, pero llevo pegada con este libro varios meses y necesitaba desahogarme.
Bueno, creo que para aportar algo objetivo a la reseña de Felipe o al comentario de C.S.G., tendría que volver a leerme el libro (ya hace unos meses de esas sesiones maratonianas en mi sofá). Pero, quizá por el tiempo que hace que lo leí, lo que recuerdo con más nitidez son los momentos que me aburrieron del libro o que me parecieron "sobrar".
Mientras leía la reseña de Felipe, estaba totalmente de acuerdo con todo, pero el comentario de C.S.G. ha dado en el clavo. Recuerdo, perfectamente, la sensación de aburrimiento y de "más de lo mismo", en la parte de Ferulian, hasta el punto de tener que dejar de leer por la incapacidad de poder concentrarme.
Si la mayoría de la obra nos hace sumergirnos en ella por esos detalles que hacen la historia más consistente, el pasaje de Ferulian te pega una patada de vuelta al sofá de tu habitación, de tu casa y de tu vida.
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